Una encuesta que llegó al establishment reveló una baja de ocho puntos en la aprobación presidencial luego de la intervención pública del Jefe de Gabinete. El dato marca un punto de inflexión en la relación entre el Gobierno y sus tradicionales aliados del mundo empresarial.
Las resistencias al Súper RIGI se multiplican dentro y fuera de la administración. Lejos de resolver las disputas, la medida tributaria profundizó las fracturas y abrió un debate sobre sus verdaderas alcances y efectividad. El círculo rojo, que antes respaldaba la gestión con entusiasmo, ahora plantea cuestionamientos más profundos sobre la dirección que toma el proyecto político.
La comunidad de negocios comenzó a evaluar explícitamente los riesgos de un eventual reposicionamiento político. Las señales que emite la administración generan incertidumbre sobre cómo podrían impactar nuevas decisiones en el panorama económico y financiero. Este cambio de temperamento entre el empresariado refleja una crisis de confianza que va más allá de las medidas coyunturales.
El deterioro de la imagen presidencial coincide con un momento de vulnerabilidad política. Las voces críticas dentro del propio oficialismo se escuchan con mayor claridad, mientras que los sectores empresariales advierten sobre posibles turbulencias si continúa el actual curso de acción.
La entrevista del Jefe de Gabinete funcionó como catalizador de tensiones latentes. Lo que había permanecido contenido en conversaciones privadas ahora sale a la luz pública, cristalizando un malestar que abraza tanto a críticos internos como a actores externos que dependen de la estabilidad que prometía la gestión.
Imagen: Paul / Unsplash – Con informacion de Ámbito





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