Mientras la cosecha muestra señales de recuperación en volumen, el consumo interno alcanza niveles históricamente bajos. El sector enfrenta el desafío de sostener su peso económico en las regiones productoras.
Cada vendimia actúa como un indicador económico y social para las regiones productoras, ya que impacta en los ingresos, el empleo y la actividad de miles de familias vinculadas a la vitivinicultura. Para 2026, las proyecciones anticipan un aumento de entre 5% y 10% en el volumen cosechado respecto del año anterior, según estimaciones del Instituto Nacional de Vitivinicultura.
Sin embargo, el escenario aún presenta incertidumbre. Desde el sector señalan que actualmente no existe una proyección precisa debido a la falta de relevamientos sistemáticos de los viñedos, que anteriormente permitían estimar el nivel de producción.
Daniel Romero, secretario de Prensa de FOEVA, indicó que en los últimos años se observa una tendencia de caída interanual y que recién comienza la cosecha de uvas blancas, por lo que será necesario evaluar cómo las estimaciones se ajustan a los resultados efectivos.






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