Un informe técnico destaca que la preservación de los nutrientes y la materia orgánica en la tierra no solo mejora la calidad de la cosecha sino que también combate el cambio climático.
El sector agropecuario argentino está poniendo cada vez más énfasis en la salud del recurso básico para la siembra mediante nuevas técnicas de manejo sustentable. Se determinó que el carbono del suelo es una reserva clave para producir mejor, funcionando como un indicador directo de la fertilidad y la capacidad de retención de humedad de los campos. Los especialistas en agronomía señalan que las prácticas de siembra directa y la rotación de cultivos son fundamentales para evitar la degradación de este componente vital. El estudio resalta que un suelo rico en carbono no solo garantiza rindes más estables frente a las inclemencias climáticas, sino que también permite reducir la dependencia de fertilizantes sintéticos, bajando los costos operativos del productor. Además, esta gestión eficiente de la tierra posiciona a la Argentina en un lugar de privilegio para acceder a mercados internacionales que exigen certificaciones de huella de carbono negativa. El informe insta a los agricultores a invertir en análisis de suelo más profundos para monitorear los niveles de materia orgánica y ajustar sus estrategias de nutrición vegetal. La conservación de este recurso es vista hoy como una póliza de seguro para la seguridad alimentaria a largo plazo. Las capacitaciones para productores sobre este tema se han multiplicado en la región pampeana, buscando un equilibrio entre la rentabilidad inmediata y la preservación ambiental del ecosistema rural





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