Un reciente informe agroindustrial revela una caída en el número de pequeñas explotaciones lácteas mientras que los establecimientos de mayor tamaño concentran una parte mayoritaria del volumen total de ordeñe.
La fisonomía de la lechería argentina está sufriendo cambios estructurales profundos que preocupan a los analistas del sector agropecuario. Según las últimas estadísticas, se observa una tendencia sostenida en la que se reduce año tras año la cantidad de tambos activos en las principales cuencas productoras del país. Este fenómeno de concentración implica que los establecimientos grandes aportan ahora más de un tercio de la leche nacional, evidenciando una brecha tecnológica y de escala respecto a los productores más pequeños. Muchos tambos familiares han tenido que cerrar sus puertas debido a los altos costos operativos y la falta de renovación generacional, migrando la producción hacia unidades de negocio con mayor capacidad de inversión en genética y automatización del ordeñe. Esta transformación conlleva desafíos sociales para los pueblos rurales, que ven disminuir la mano de obra necesaria en las explotaciones tradicionales. Por otro lado, la eficiencia por animal ha mejorado en estos grandes centros, pero la dependencia de insumos importados y financiamiento a gran escala los vuelve más sensibles a los vaivenes de la macroeconomía. El sector reclama políticas que permitan la subsistencia de los pequeños tamberos para mantener el arraigo en el campo y la diversidad productiva.






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