Un informe sectorial detalla el escenario complejo que atraviesa el cultivo de verano, con una demanda internacional que presiona sobre los stocks limitados y precios que no terminan de conformar a los productores.
El panorama para el girasol argentino se presenta como un verdadero rompecabezas económico para el cierre de este año. Los especialistas del agro advierten que nos encontramos en un mercado al que no le sobra nada, refiriéndose a la escasa disponibilidad de granos a nivel mundial tras las malas cosechas registradas en los principales países productores del este europeo. En el ámbito local, la siembra se ha completado con éxito, pero existe una marcada preocupación por la falta de lluvias en regiones críticas del centro y norte del país. Esta situación pone en riesgo el rinde por hectárea, lo que podría reducir el saldo exportable de la oleaginosa y sus derivados, como el aceite. Los valores en las pizarras de los puertos muestran una volatilidad extrema, dificultando la toma de decisiones financieras para los agricultores que deben afrontar costos de insumos dolarizados. El sector aguarda que se mantengan los flujos de exportación hacia Asia y Europa para equilibrar las cuentas antes de que comience el pico de la cosecha estival.






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