Un estudio del INTA Balcarce en el sur de Buenos Aires reveló que un tercio de los suelos analizados tienen niveles bajos de zinc, un micronutriente clave para la producción, lo que podría generar importantes pérdidas productivas y económicas.

La fertilización de los suelos de la región pampeana se ha centrado históricamente en el nitrógeno, el fósforo y el azufre. Sin embargo, un estudio de la Unidad Integrada Balcarce (INTA, Conicet y Universidad Nacional de Mar del Plata) advierte sobre un nuevo desafío: la creciente deficiencia de zinc, un micronutriente esencial para la producción. El relevamiento detectó que un tercio de los lotes analizados en el sur de Buenos Aires tienen niveles de zinc inferiores a los 0,80 ppm (partes por millón), una cifra preocupante.

Según Hernán Sainz Rozas, especialista en fertilidad de suelos del INTA, esta deficiencia, que antes no era una limitante, ahora obliga a los productores a repensar sus estrategias para evitar pérdidas productivas.

Pérdidas y costos

Un déficit de zinc puede reducir la producción de trigo y cebada entre un 5% y un 15% si no se aplica fertilización. En un suelo con 0,75 ppm de zinc, la pérdida de rinde puede alcanzar los 840 kilos por hectárea, un valor que supera ampliamente el costo de aplicación, que ronda los 18 a 20 dólares por hectárea.

Diagnóstico y opciones de fertilización

Para evitar estas pérdidas, los especialistas recomiendan realizar un diagnóstico preciso. Pablo Barbieri, investigador del INTA Balcarce, aconseja determinar el zinc extractable en muestras de suelo tomadas a 20 centímetros de profundidad antes de la siembra. Dada la variabilidad del nutriente, es necesario tomar entre 25 y 35 submuestras por lote para un resultado confiable.

Las opciones de fertilización son variadas e incluyen mezclas sólidas, fertilizantes compuestos, formulaciones líquidas y tratamientos de semillas. Una alternativa que está ganando terreno es la combinación del zinc con fósforo, lo que mejora la distribución del micronutriente y su absorción.

Según el INTA Balcarce, dos tercios de los suelos pampeanos ya presentan niveles medios a bajos de zinc. La fertilización no solo repone el nutriente que se exporta con la cosecha, sino que también mejora la calidad del suelo a largo plazo.

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