Expertos en Aapresid coincidieron en que el manejo eficiente de recursos y la precisión en el diagnóstico serán claves para sistemas agrícolas sostenibles y adaptados al cambio climático.
En un contexto donde la complejidad climática y la innovación tecnológica desafían los modelos agropecuarios tradicionales, el Congreso Aapresid abrió un espacio para reflexionar sobre el futuro del sector.
Bajo el título “Agro del futuro: cómo será producir en un entorno más complejo”, un panel integrado por referentes del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y de la Universidad de Buenos Aires (UBA) concluyó que la agronomía del mañana será cuantitativa, predictiva e integrada con herramientas digitales.
Pablo Mercuri, director del Centro de Investigación de Recursos Naturales (CIRN) del INTA, presentó el concepto de agronomía cuantitativa, una evolución de la agricultura de precisión que plantea medir —a nivel de lote— no solo variables físicas como el contenido hídrico o los nutrientes del suelo, sino también indicadores biológicos, emisiones de carbono, biodiversidad e incluso riesgos climáticos.
“Estamos transitando una nueva etapa en agronomía, donde la clave será cuantificar: pasar de decisiones basadas en intuiciones a otras fundamentadas en datos, modelados y predicciones”, explicó Mercuri.
El especialista destacó que el escenario actual exige prácticas que integren conservación de suelo y agua, captura de carbono, salud del suelo, soluciones basadas en la naturaleza y estrategias para enfrentar el cambio climático.
Mercuri señaló que medir carbono, agua, biodiversidad y clima será fundamental para anticipar y tomar decisiones proactivas.
El futuro del agro, agregó, requiere combinar conocimiento técnico, biotecnología avanzada y modelos climáticos precisos.
“La inteligencia artificial está impulsando una nueva generación de pronósticos que favorecerán una agronomía más proactiva que reactiva”, afirmó, destacando la importancia de analizar el clima en múltiples escalas y no limitarse a promedios históricos.
Desde la economía agraria, Roberto Bisang, economista de la UBA, aportó una visión complementaria. “Los cambios son profundos y nos obligan a pensar un nuevo camino sobre cómo producir, qué producir, para quién y con qué cuidado hacerlo”, indicó.
Para Bisang, ya no se trata de proyectar el pasado, sino de anticipar un modelo diverso, dinámico y adaptativo.
Ambos expertos coincidieron en que el entorno productivo del futuro será mucho más exigente debido a la variabilidad climática, con olas de calor, lluvias extremas y alteraciones en el ciclo del agua afectando los límites productivos y la disponibilidad hídrica.
Frente a este panorama, remarcaron que la mejor estrategia de adaptación será la gestión inteligente del agua y la planificación basada en probabilidades.
“Lo que viene es una agronomía que mide, analiza y decide con anticipación”, resumió Mercuri. Una hoja de ruta construida sobre datos, flexibilidad y cooperación entre ciencia, tecnología y campo. El desafío ya no es solo producir más, sino hacerlo con precisión, resiliencia y visión a largo plazo.






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