Adaptar la genética del girasol al ambiente y manejo del suelo es clave para maximizar rendimiento y salud del cultivo.
La mejor decisión al seleccionar un híbrido de girasol no reside únicamente en su rendimiento teórico, sino en comprender las condiciones específicas del lote. El ambiente, el potencial del suelo y el paquete de manejo funcionan como piezas principales de un rompecabezas donde el híbrido solo es la ficha final. Sin una lectura precisa del terreno, optar por una buena genética puede perder efectividad.
En zonas de alto potencial productivo como Balcarce o Casilda, se recomienda elegir híbridos estables y adaptables, acompañados de una estrategia fuerte de fertilización y control de malezas. Por el contrario, en suelos más limitados o salinos, es preferible optar por variedades rústicas y hacer un ajuste fino en insumos.
Para áreas cálidas del norte, adelantar la siembra ayuda a esquivar el estrés térmico y permite una segunda rotación. En cambio, en el sur de Buenos Aires, el riesgo de heladas y enfermedades como Phomopsis hace que sea conveniente elegir ciclos más cortos y variedades con resistencia señalada en ensayos.
El rendimiento en grano y el contenido de aceite no siempre avanzan de la mano, por lo tanto, si se busca bonificación por calidad, es fundamental elegir híbridos con genética adecuada antes de sembrar. En campos grandes, es interesante combinar ciclos y fechas de siembra para escalonar la cosecha. En superficies más pequeñas, conviene diversificar entre ambientes, no dentro del lote.






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