Lucas Báez, maratonista y arquitecto, se ha convertido en un ícono único con su característica boina. Su vida es un homenaje al campo argentino y un ejemplo de cómo las raíces pueden acompañarte en cada paso, incluso en los rincones más lejanos del planeta.
La imagen de un hombre cruzando la meta de una carrera con boina resulta llamativa en cualquier parte del mundo. Ese corredor es Lucas Báez, conocido como el “Gaucho Runner”, un apodo que nació en su grupo de entrenamiento, Correr Ayuda, por sus raíces rurales, y que con el tiempo se transformó en parte esencial de su identidad.
Oriundo de Chacabuco, provincia de Buenos Aires, Lucas comenzó a correr hace 14 años como un camino para recuperar su bienestar físico tras varios años de inactividad. “Me había recibido de arquitecto y después de cinco años sin practicar deportes, había subido casi 24 kilos”, recordó.
El Guacho Runner de Chacabuco: campo y pertenencia
La historia del Gaucho Runner está intrínsecamente vinculada al campo argentino. Nacido y criado en Chacabuco, Báez creció en un entorno donde la vida rural marca el pulso del día a día.
Su familia ha estado siempre ligada al sector agrícola y alimentario: su madre se jubiló recientemente luego de trabajar en una compañía dedicada a productos derivados del maíz, como el jarabe de alta fructuosa; mientras que su padre continúa trabajando en un molino harinero local. Esta conexión directa con la agroindustria refleja la economía regional y el carácter rural que define a la ciudad.
“Chacabuco es uno de los lugares más privilegiados del país, con una destacada actividad ganadera y agropecuaria. Aunque no tengo campo ni caballo, crecí rodeado de vivencias rurales como las carneadas en la quinta y la cosecha. Es un cariño mutuo que llevo conmigo, y la boina que uso para correr es una forma de representar ese vínculo y mis raíces”, afirmó Báez.
Aunque hace años reside en la capital, Lucas mantiene contacto con el campo siempre que puede. “Cuando voy, casi siempre coincido con la siembra o la cosecha. Trato de estar en esos momentos clave. Ahora que llegó el frío, me encuentro en alguna carneada compartiendo con amigos, disfrutando de un fogón. Aunque no tengo campo, siempre busco esa conexión con esa vida”, comentó el Gaucho Runner.
Momentos en el campo: un legado que perdura
Para él, estas visitas tienen un valor especial: “Lo que más disfruto es subirme a la máquina durante la cosecha, dar unas vueltas, ver cómo va todo. Siempre hay alguna maquinaria rota para reparar, y también se comparte tiempo en la casilla charlando, tomando mates y apreciando esos atardeceres mágicos que en la ciudad no se ven”, confesó Lucas.
A su vez, Báez subrayó la importancia del esfuerzo rural: “Valoro mucho el trabajo de la gente del campo, que es sacrificado en muchas circunstancias. Uno aprecia el progreso de los amigos y, a la vez, el desarrollo de la actividad”, expresó.
El Gaucho Runner en las grandes maratones del mundo
Lucas Báez lleva más de una década participando en maratones, y no solo en Argentina. Su pasión por correr lo llevó a completar el circuito de las seis maratones más prestigiosas del mundo: Berlín, Chicago, Nueva York, Boston, Londres y Tokio. “Empecé en 2016 con Berlín”, relató. “Cada una tiene algo especial: Boston es la más antigua, Londres y Nueva York son las más multitudinarias, Tokio tiene ese atractivo exótico de estar en otro continente, y Chicago y Berlín son las más rápidas, donde se han logrado casi todos los récords mundiales”, afirmó.
Báez fue completando una a una esas competencias a pesar de los altibajos económicos del país, que, según cuenta, “a veces hacen que el verdadero desafío no sea correr, sino llegar a la carrera”. En 2023, el Gaucho Runner cerró el circuito en Tokio y recibió una medalla especial que simboliza el cierre de este recorrido global.
El año pasado, Lucas se convirtió en embajador de la marca Adidas, lo que le permitió regresar a Berlín para participar en la edición número 50 de la maratón. El viaje también incluyó un mes de entrenamiento en Kenia, considerado uno de los epicentros del atletismo mundial. “Fue una de las experiencias más lindas de mi vida desde lo atlético pero, sobre todo, desde lo humano. Fue increíble”, aseguró.
Cuando correr es descubrir el mundo: Gaucho Runner en Kenia
Durante su estadía en Kenia, Lucas no solo experimentó un entrenamiento atlético de alto nivel, sino también un profundo contraste cultural y productivo que lo conectó con sus propias raíces y con las distintas realidades del trabajo rural en el mundo.
“Kenia es un país con muchísimas carencias en infraestructura. En el pueblo donde estuve todo era muy precario, pero al mismo tiempo me resultaba cercano: los paisajes eran parecidos a Misiones, con sus tierras rojas. También el país tiene un fuerte desarrollo del maíz, aunque es blanco”, compartió.
Esa característica lo llevó a reflexionar sobre las diferencias culturales: “Mientras nosotros tenemos la polenta que es amarilla, allá hacen ugali, que es blanco porque el maíz es distinto”.
Además, remarcó las desigualdades en el acceso a la tecnología agrícola: “Allá, incluso en campos grandes o medianos, el trabajo sigue siendo manual. Acá, aunque tengamos limitaciones, contamos con tecnología que en Kenia directamente no existe”.
El Gaucho Runner también comparó esa experiencia con la precisión tecnológica de países desarrollados: “En lugares como Londres, Nueva York o Tokio, ves todo lo contrario: campos perfectos, como de postal. En Tokio, por ejemplo, el arroz se cultiva con una exactitud impresionante. Hay recursos y tecnología de punta”, expresó.
Una vida de superación y orgullo
La historia de Lucas Báez es la de alguien que transformó una necesidad personal en un motor de cambio. Lo que comenzó como un desafío físico se convirtió en una manera de conectarse con sus raíces y con el mundo. Su boina, lejos de ser un simple accesorio, es su emblema: representa a Chacabuco, al trabajo rural y a su país.






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